domingo, 31 de agosto de 2008

Pesadilla - Mariela Anastasio


Se levantó a las seis de la mañana. No podía dormir. Así, en chancletas y camisón salió de la casa. Fue al galponcito de atrás. Abrió el frezzer y de allí empezó a sacar bolsas plásticas. Después mató a unos pollos. Entró a la casa, primero con los pollos muertos, y después salió y volvió a entrar y lo hizo con las bolsas negras. Despejó la mesada. Allí lo puso todo. Abrió la canilla y dejó que corriera el agua.
Trozó los pollos; después el contenido de las bolsas. De los pollos salió sangre caliente; del otro cuerpo, nada.
Lavó incesante las partes. Tuvo ganas de vomitar.
Después buscó ollas. Sacó ollas de varios lugares de la casa. Ollas viejas y oxidadas.
Les puso agua; las dejó al fuego.
Mientras tanto, seguía lavando la carne.
Su madre, se levantó a las siete.
—¿Qué hacés levantada a esta hora?
Ella sintió que se iba a desmayar. En un solo momento, en ese, se llenó de vergüenza. Advirtió lo terrible, lo siniestro. Se dio cuenta que se estaba volviendo loca.
—¿Qué hacés?
¿Qué contestar? El reloj marcaba las siete de la mañana. Hora absurda para hervir pollo.
—¿Qué hacés?
Se desmayó sosteniendo el pedazo de pie de su padre en la mano.

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